El mejor regalo que recibí hoy no fue haber visto la luz del sol nuevamente.
No fue haber cumplido mis objetivos del trabajo ni recibir el cariño de mis amigos.
Tampoco fue haber vuelto a ver esos ojos que tanto amo y que me vieron nacer y crecer.
Ni siquiera ese brillo nocturno en el cielo que enamora a quien lo ve fue el motivo de mi alegría.
Mi mejor regalo hoy, fue verte sonreír y permitirme deleitar con tu bella sonrisa.
viernes, 18 de enero de 2013
El regalo de hoy
miércoles, 16 de enero de 2013
Lo obvio no existe...
Analizamos el contenido de esta frase y llegamos a la conclusión de que: Los hombres usan siempre la razón y las mujeres somos muy sentimentales, muy del corazón. Eso vino a colación porque ella dice que los hombres dan por hecho muchas cosas, esas mismas cosas que las mujeres nos encanta escuchar.
Y sí estoy de acuerdo con ella (porque soy mujer), que las mujeres no podemos dar por obvio que alguien nos quiera, que nos aprecien, que somos admiradas o en algunos casos necesitadas.
Nos encanta saber que cuando no estamos nos extrañan. Que nuestro desayuno es mas delicioso que el que se preparan solos, que les gusta nuestra voz al despertar, que se sienten tristes cuando nos enojamos.
Quizás parezca tonto, pero un "te quiero" basta para darnos cuenta que nos quieren. Hay miles de acciones que nos hacen enojar, entristecer, sentir dolor, pero todo se puede olvidar con esa pequeña aclaración, obviar que se es querida, es perder la fe en el amor, dar paso a las dudas y dejar de creer hasta en el cariño de nuestra pareja. Lo obvio nunca será obvio para todos, por eso, si tienes un sentimiento, cualquiera que sea, atrévete a decirlo, como dice Shrek, "Es mejor afuera que adentro."
domingo, 13 de enero de 2013
La duda
Una sola palabra tuya me hará partir, un sólo gesto hará quedarme sin fecha de caducidad. Cómo preguntar?, cómo saber?, cuando cada vez te siento mas lejos, tan ajeno a mi mundo, tan cercano a otros planetas, cuando recuerdo que nunca fuiste mio.
No quiero dormir y soñarte, no quiero abrir los ojos y verte, no quiero decirte adiós, no puedo cerrar mi ventana a los rayos de tu luna, no te quiero recordar pero no puedo dejarte de pensar. No sé qué quiero o no quiero, pero en este preciso momento sólo sé que quiero volverte a tocar.
El buen amor
Disfrútenlo!
El buen amor

viernes, 11 de enero de 2013
Lo que no te sirve hoy...
Tal cual, esta semana me despegué de algo que sin llegar a ser un vicio, me estaba haciendo daño. Las redes sociales tienen cierto encanto que te envuelven a tal grado que tu ego comienza a gobernar, dejas esa parte importante que es tu ser interno, tu autenticidad y comienzas a convertirte en alguien que no eres.
Varias veces he dicho que hay que cortar por lo sano algo cuando ya no te deja algo positivo, dejarlo ir cuando te está afectando, cuando tus pensamientos y tu ser no pueden estar en paz sin estar al pendiente de algo o alguien. Duele, claro! me he pegado donde más duele!, pero fui yo, eso duele menos. Al menos sé que esto que siento me lo merecía, porque ¿de qué otra manera puedo aprender si no de mis errores?
Hoy a una semana de cerrar mis ojos a una falsa realidad, me doy cuenta que sigo siendo "yo" pero con un aprendizaje nuevo.
Todo lo que te sucede en la vida, bueno y malo, siempre te va a dejar una buena experiencia, y eso es lo que ahora he entendido y agradezco. La escuela de la vida es así, tus mejores maestros son aquellas cosas que más daño te hacen, las que más trabajo te cuesta dejar ir, las que amaste con todas tus fuerzas y ya no las tienes, las que nunca pensaste que podrías perder.
Hoy, con la vida rescatada, puedo decir que sigo adelante, mi mente y alma buscan la paz una vez mas, los que realmente necesitan de mi vida, tiempo, amor, y consejos, son aquellos que puedo tocar, acariciar, besar, ayudar y compartir. Las amistades más valiosas continúan y seguirán, sobre todo quienes te dejan algo positivo como una palabra, su música o simplemente una gran sonrisa.

martes, 8 de enero de 2013
El tronco
Todo mundo sabe admirar la belleza de un árbol, sólo unos cuantos ven la grandeza del tronco.
Un árbol no sería árbol sin su tronco, el soporte del ramaje y los frutos, el refugio de la savia que es la sangre que le da vida. Los árboles sin ese cimiento no lograrían sostenerse en la tierra, ahí firmes soportando los chubascos, los vientos arrebatadores, la pequeña lluvia que no daña sin embargo, su constancia lastima. Ese tronco que es fuerte, grande, firme, alguna vez fue endeble, frágil y opacado por sus semejantes del rededor. Ahora que ha logrado soportar los crudos inviernos y reverdece cada primavera, entrelaza sus raices debajo de la tierra con otros troncos, se aferra más al suelo, se fortalece y florece con más fuerza.
Yo soy como un tronco, me aferro cada vez más a la tierra, mis raíces se enredan y se expanden, buscan sujetarse. Mis ramas son esos sueños que van hacia donde se les dé la gana. Mi fruto, el amor, es desgajado por los vientos para que llegue a quien lo quiera tomar.
No importa cuántos inviernos tenga que soportar, mi primavera siempre me devolverá lo que desde el otoño empecé a deshojar.
domingo, 6 de enero de 2013
Los amorosos
JAIME SABINES
LOS AMOROSOS
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la oscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida.